El entorno digital y síndrome de la rana hervida

El nuevo entorno digital se ha ido desarrollando a lo largo de los últimos años, de forma continua e incremental al principio. Acelerada actualmente, hasta convertirse en el estándar de nuestros días

El síndrome de la rana hervida describe cómo reacciona una rana ante un escenario de cambio incremental. Si se intenta introducir una rana viva en agua caliente, el batracio saltará inmediatamente y escapará de la amenaza. Sin embargo si se introduce en una cazuela de agua fría que se va calentando gradualmente el anfibio simplemente intentará ir adaptándose a la nueva temperatura gastando cada vez más energía. Para cuando quiera reaccionar ante la elevada temperatura de su entorno acuático será tarde y morirá, sin fuerzas para poder escapar.

Este síndrome, demostrado mediante experimentos reales en angustiosos vídeos, viene al caso de una reflexión sobre esta tendencia  a adaptarse a entornos que experimentan cambios incrementales, el entorno digital en el que vivimos y las empresas.

Muchas empresas se encuentran muy a gusto en su recipiente de agua, en su entorno. Este entorno se va calentando con los cambios de hábitos, los cambios tecnológicos, los nuevas ventanas digitales de acceso a la información y los nuevos modelos de consumo de información, bienes y servicios.

Sin embargo muchas compañías (desde luego no todas) se van adaptando a este entorno cambiante a base de hacer lo mismo que hacían. “Las cosas siguen funcionando”, se dicen.  “Este nuevo entorno digital no va con nosotros, no afectará a nuestro sector”. “Eso no nos pasará a nosotros”.

Y sigue subiendo la temperatura. Las nuevas generaciones demandan nuevos modelos de relación con las empresas. Las que “siguen en la cazuela” pierden potenciales clientes por la base. Y las generaciones ya existentes también modifican sus hábitos en el ámbito digital. Se incorporan a la banca online y a las redes sociales. Reciben y buscan información por nuevos canales y depositan su confianza en nuevos influenciadores.

Eso no nos pasará a nosotros.

Para ese momento algunas empresas ya han saltado a nuevas aguas, pero otras siguen gastando sus esfuerzos en adaptarse a un entorno cada vez más hostil: “Nuestro modelo es sólido, mantenemos la fidelidad de los que siempre confiaron en nosotros”. “Somos eficientes y no es necesario cambiar”. “El marketing digital no es relevante para nuestro sector”. “Si acaso más adelante podemos investigar sobre todo esto del entorno digital”.

Y el agua rompe a hervir. El paciente consulta en Google en primer lugar para saber sobre su problema de salud.  Y consulta sobre lo que le receta el médico. Los usuarios visitan el website de producto, indagan en redes sociales, comparten opiniones y experiencias. El médico busca información técnica y sobre medicamentos a través de buscadores de internet. Los  profesionales piden que el abanico de canales de comunicación con las empresas sea más amplio. Que ese mix de canales incluya el ámbito digital y que se ajuste a sus necesidades y tiempos.

Y la empresa ya casi no puede saltar. Ha gastado enormes esfuerzos para compensar el cambio. Un cambio de tal magnitud que prácticamente ha agotado sus recursos. Y si consigue abandonar su inconfortable trampa, lo hará exhausta y descolocada en una realidad muy diferente a aquella en la que creía vivir. Y se verá abocada a competir con otras de su especie que ya llevan mucho camino recorrido y la colocan en una clara desventaja competitiva.

Conviene por tanto usar regularmente el termómetro ambiental y cambiar de charca si es necesario.

O mejor, cada vez que sea necesario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.